Esta es la época del año en la que todo el mundo hace balance. Algunos recorriendo todos los momentos del año se dan cuenta que su año fue de puta madre o uno que se merece gritarle "La puta madre este año de mierda!" El mío, en particular, tuvo como 6000 balances así que para mí pasaron como 4 años aproximadamente. No todos los años son intensos. A veces no pasa naranja, esa es la realidad. Pero creo fervientemente que aunque hayan pasado cosas terribles, haya sido ni, o la vida te dio más de lo que podías imaginar siempre en un balance debería incluirse como condición sin equanon tomar como centro que es lo que se aprendió. Porque siempre de las peores situaciones, nacen cosas buenas, que nos enseñan a ser mejores personas o a no cometer los mismos errores.
Así que mi propuesta para el 2011 es dejarnos sorprender, no armar tantos planes (salvo los que claramente necesiten una movida previa) y mirar el lado positivo que siempre está ahí escondido aunque muchas veces nos cueste verlo.
Al menos a mí me ayudó ;-)
Brindemos que hoy es tiempo todavía...
31 de diciembre de 2010
30 de octubre de 2010
Where are we running?
¿Hacia dónde? ¿Por qué estamos corriendo todo el tiempo? ¿Alguna vez alguien se detuvo por un instante a pensar por qué iba tan apurado y qué estaba queriendo alcanzar? Siento que vivimos en una vorágine tal que creo muchas veces el rumbo se pierde, que ya nos movemos sólo por inercia. ¿Trabajamos para cubrir nuestras necesidades o para tener más y más? ¿Realmente necesitamos todo lo que tenemos? Pensándolo fríamente, ¿necesitamos un LCD? ¿Nuestros padres no miraban la tele en blanco y negro y eran felices igual? ¿Los chicos de hoy necesitan una Wii para divertirse? No lo creo. Un nene con un pedazo de papel, un lápiz y unas tijeras o una soga se divierte, y no hablo por boca de ganso. Lo veo todos los días. No estoy hablando de no trabajar o no buscar una mejor calidad de vida. Me estoy refiriendo a las cosas innecesarias que incluso yo consumo. Hablo de este mundo del "ver" y "parecer" que, en mi opinión, hace que perdamos contacto con el otro, con lo cotidiano, con lo simple de las cosas. Esta sociedad consumista y esta "falsa" necesidad nos lleva a perdernos los momentos más hermosos de la vida. Nos saca la posibilidad de entender que el mundo es o sería maravilloso sin tanta falsa comunicación, sin ciudades con millones de carteles y edificios tipo Torre de Babel con los que es imposible mirar las estrellas. Lo paradójico es que terminamos pagando paquetes en locales que nos ofrecen todo eso que necesitamos. Paz, tranquilidad, un momento para compartir. No nos damos cuenta que está al alcance de nuestra mano, que nos estamos autosaboteando. Está al alcance de nuestra mano. Al deternernos y para de correr.
8 de octubre de 2010
Goodbye, nice to know u !
De la forma más elegante, se pueden decir las cosas más terribles. And I like it ;-)
30 de septiembre de 2010
Sr. Divague
Sr. Divague:
Hola, Sr. Divague. ¿Cómo le va? Yo bien. Todo tranquilo por estos pagos. Por lo menos para mi envase, aunque a veces tiene una salud bastante débil y creo que es un poco por mi culpa.
Le escribo porque sé que usted me entiende. Y tenía muchas ganas de hablar con usted. Lo necesitaba. Sé que me va a prestar su tiempo y no lo voy a aburrir. Es más creo que se puede divertir un rato. Y no me va a retrucar ninguno de mis pensamientos, o por lo menos, me va a dar tiempo para elaborar una respuesta o formular una opinión. Porque, le cuento, lo que me pasa con otras personas es que me retrucan mis hípótesis inmediatamente y yo, debo admitir, no soy rápida para esas cosas. Yo tengo mis tiempos. Pero, en fin, vamos al grano. Hoy le escribo para contarle un poco sobre cosas que observo, quizás sin mucho sentido, pero mías al fin y al cabo.
Vamos con la primera. ¡Cómo extraño pensar por horas y debatir! Mates, debate, música, comentario estúpido. Creo que de eso aprendí bastante. Me ayudaba a formarme. Porque sino es cómo que todo se me mezcla. Me enojo, veo lo inmediato, no valoro. Me canso. No puedo ver las cosas con claridad. Hoy venía pensando en si habría una carrera o un espacio en la que todas mis hipótesis disparatadas tuvieran un lugar. Porque no da llegar al trabajo y decir: "Saben qué? Hoy estuve pensando que en realidad proyecto mi imposibilidad de crear un espacio propio de ocio en otras personas y me enojo cuando lo hacen porque yo no puedo." o " ¿Por qué la gente está tan estresada si antes se laburaba 12 horas en una fábrica y, según entiendo, no había tanto stress ni ataques de pánico?" o " ¿Por qué las relaciones entre madre e hija son generalmente conflictivas?" No hay tiempo para eso en mi trabajo. Y con la psicóloga no es lo mismo. No es un par con el cual puedo debatir sobre el mundo.
Se viene la segunda. Hoy tuve un momento feliz. Ellos seguro no lo saben. No tienen idea. Me gustaría que sepan la satisfacción que me da, pero no me animo. Perdón, no me atrevo. ¡Qué lindo fue ver a mis alumnos de séptimo tan contentos con la obra que vimos! Me lleno verles las caras de intriga, verlos felices disfrutando un momento. Porque se notó que lo disfrutaron. Y fui infinitamente feliz, escuchando cantar a mis alumnos de segundo. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Verlos tan chiquititos, llenos de vida, de ilusiones, pidiendo un abrazo, corriendo para decirte "Me dás un abrazo?" "Sí." "Pero no, levantame como lo hacés siempre." O que hoy me dijeran que un ex alumno me estuvo buscando por todo el colegio para que le firme una foto. O ver el progreso de un alumno que de no entender nada pasa a ser uno de los mejores de la clase y no sólo en cuanto a contenido, sino como persona ayudando a sus compañeros. Espero dejarles una pequeña huella. Que se puedan llevar algo a pesar de mis gritos y mis enojos, a pesar de las caritas tristes. Se me pone la piel de gallina. Y luego de mucho debate mental, creo que hoy vuelvo a elegir esta profesión por estos momentos maravillosos. Que no tienen precio. Que te cambian el día, aunque a veces me vaya angustiada y comiendome el cerebro por las cosas que no salen. Gracias.
Tercera y última. Tengo cosas que cambiar. Muchas. Para seguir creciendo. Pero hay una que me persigue. Toda la vida lo hizo. Ser tan mental y con tan poca imaginación. Viendo la película de "El Principito" me di cuenta que el no poder imaginarme al Principito en el planeta me cagó un montón de momentos. El haber perdido la ingenuidad tan tempranamente me bloqueó y me hizo perder muchos momentos. El otro día hablando de "Chiquititas" (porque el tema surgió, obvio) yo dije que no me gustaba porque me no podía entender cómo los chicos de un hogar estaban tan bien vestidos y a mis viejos no le alcanzaba la plata para comprarme la ropa de moda y cuando me compraban algo, todos me cargaban porque no era "de marca". Seguro mucha gente la pasó peor. Pero mi falta de imaginación no era por falta de dinero. No me dejaron volar cuando era necesario. Cuando justamente no era necesario hacerme ver la realidad. Podía esperar un poco más. Por eso, a veces, prefiero ser un poco ingenua, hasta el punto de parecer un poco tonta. Para todos los días, sorprenderme con un nuevo descubrimiento y que la vida no sea tan dura.
Gracias, Sr. Divague. No sé imagina cuánto le agradezco este momento.
Vanina
Hola, Sr. Divague. ¿Cómo le va? Yo bien. Todo tranquilo por estos pagos. Por lo menos para mi envase, aunque a veces tiene una salud bastante débil y creo que es un poco por mi culpa.
Le escribo porque sé que usted me entiende. Y tenía muchas ganas de hablar con usted. Lo necesitaba. Sé que me va a prestar su tiempo y no lo voy a aburrir. Es más creo que se puede divertir un rato. Y no me va a retrucar ninguno de mis pensamientos, o por lo menos, me va a dar tiempo para elaborar una respuesta o formular una opinión. Porque, le cuento, lo que me pasa con otras personas es que me retrucan mis hípótesis inmediatamente y yo, debo admitir, no soy rápida para esas cosas. Yo tengo mis tiempos. Pero, en fin, vamos al grano. Hoy le escribo para contarle un poco sobre cosas que observo, quizás sin mucho sentido, pero mías al fin y al cabo.
Vamos con la primera. ¡Cómo extraño pensar por horas y debatir! Mates, debate, música, comentario estúpido. Creo que de eso aprendí bastante. Me ayudaba a formarme. Porque sino es cómo que todo se me mezcla. Me enojo, veo lo inmediato, no valoro. Me canso. No puedo ver las cosas con claridad. Hoy venía pensando en si habría una carrera o un espacio en la que todas mis hipótesis disparatadas tuvieran un lugar. Porque no da llegar al trabajo y decir: "Saben qué? Hoy estuve pensando que en realidad proyecto mi imposibilidad de crear un espacio propio de ocio en otras personas y me enojo cuando lo hacen porque yo no puedo." o " ¿Por qué la gente está tan estresada si antes se laburaba 12 horas en una fábrica y, según entiendo, no había tanto stress ni ataques de pánico?" o " ¿Por qué las relaciones entre madre e hija son generalmente conflictivas?" No hay tiempo para eso en mi trabajo. Y con la psicóloga no es lo mismo. No es un par con el cual puedo debatir sobre el mundo.
Se viene la segunda. Hoy tuve un momento feliz. Ellos seguro no lo saben. No tienen idea. Me gustaría que sepan la satisfacción que me da, pero no me animo. Perdón, no me atrevo. ¡Qué lindo fue ver a mis alumnos de séptimo tan contentos con la obra que vimos! Me lleno verles las caras de intriga, verlos felices disfrutando un momento. Porque se notó que lo disfrutaron. Y fui infinitamente feliz, escuchando cantar a mis alumnos de segundo. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Verlos tan chiquititos, llenos de vida, de ilusiones, pidiendo un abrazo, corriendo para decirte "Me dás un abrazo?" "Sí." "Pero no, levantame como lo hacés siempre." O que hoy me dijeran que un ex alumno me estuvo buscando por todo el colegio para que le firme una foto. O ver el progreso de un alumno que de no entender nada pasa a ser uno de los mejores de la clase y no sólo en cuanto a contenido, sino como persona ayudando a sus compañeros. Espero dejarles una pequeña huella. Que se puedan llevar algo a pesar de mis gritos y mis enojos, a pesar de las caritas tristes. Se me pone la piel de gallina. Y luego de mucho debate mental, creo que hoy vuelvo a elegir esta profesión por estos momentos maravillosos. Que no tienen precio. Que te cambian el día, aunque a veces me vaya angustiada y comiendome el cerebro por las cosas que no salen. Gracias.
Tercera y última. Tengo cosas que cambiar. Muchas. Para seguir creciendo. Pero hay una que me persigue. Toda la vida lo hizo. Ser tan mental y con tan poca imaginación. Viendo la película de "El Principito" me di cuenta que el no poder imaginarme al Principito en el planeta me cagó un montón de momentos. El haber perdido la ingenuidad tan tempranamente me bloqueó y me hizo perder muchos momentos. El otro día hablando de "Chiquititas" (porque el tema surgió, obvio) yo dije que no me gustaba porque me no podía entender cómo los chicos de un hogar estaban tan bien vestidos y a mis viejos no le alcanzaba la plata para comprarme la ropa de moda y cuando me compraban algo, todos me cargaban porque no era "de marca". Seguro mucha gente la pasó peor. Pero mi falta de imaginación no era por falta de dinero. No me dejaron volar cuando era necesario. Cuando justamente no era necesario hacerme ver la realidad. Podía esperar un poco más. Por eso, a veces, prefiero ser un poco ingenua, hasta el punto de parecer un poco tonta. Para todos los días, sorprenderme con un nuevo descubrimiento y que la vida no sea tan dura.
Gracias, Sr. Divague. No sé imagina cuánto le agradezco este momento.
Vanina
15 de septiembre de 2010
Chicos, levanten la mano!
Yo me pregunto:¿Cómo les puedo pedir a pequeños de cuarto grado que levanten la mano para hablar y no se interrumpan si en el congreso adultos con pelos en las bolas se gritan y no escuchan?
12 de septiembre de 2010
Punto de ebullición: La definición
"Uno sabe cuando algo no anda bien, cuando algo está por suceder, cuando un cambio se está por aproximar. Así como cuando se va terminando el verano y las hojas van cambiando su color, y el sol calienta menos, las lloviznas se hacen más frecuentes. Son pequeñas cosas que nos dan claros indicios que algo está pasando. Bueno, malo, sorprendente, terrible, pero cambio al fin. Como cuando decimos: "Me estoy por engripar". Primero, un pequeño dolor de garganta, después sentimos el cuerpo cansado, luego levantamos temperatura hasta que ya todo nuestro cuerpo estalla en un estado gripal en el que no podemos levantarnos y vivimos con una caja de pañuelos al lado como si ella fuera nuestra gran compañera de aventuras. Y esto mismo pasa con las relaciones humanas, o con ciertas situaciones cotidianas. Aunque el ambiente esté calmo, y pareciera que no pasa nada fuera de lo común, uno al conocer al otro puede leer señales que los terceros no. Miradas, respuestas, algo imperceptible que se siente, no se ve, pero está. Es esa fricción en los tonos, el énfasis en las palabras, la elección de ellas y el momento. Una combinación tan sutil y a la vez, tan programada. Por lo tanto quedan dos opciones:
1- No decodificar el mensaje.
2- Decodificarlo y prepararse.
La primera opción nos deja en un lugar bastante cómodo, pero relajado. Como bien dice la frase, "Uno se hace el boludo".
La segunda alternativa es un poco más compleja. Si el mensaje ha sido decodificado correctamente, uno puede entrar en lo que yo llamaría Proceso de Ebullición. Empezamos a irritarnos, a pensar devoluciones, indirectas cada vez más directas, corriendo incluso el riesgo de comenzar a malinterpretar al emisor. Pero entonces, dos nuevos caminos se abren:
A- Enfrentar al que ya en este punto es nuestro adversario prácticamente.
B- Hacernos los boludos nuevamente.
Si elegimos la opción A, también seguimos teniendo más surcos. Por ejemplo, puedo elegir la manera en la que voy a encarar la situación, e incluso puedo acelerarla. ¿A qué me refiero? Imaginemos una escena en la que el interlocutor entra a su hogar recién llegado de un día con amigos, pero de muy mal humor. El segundo interlocutor quien ha detectado las señales enviadas reconoce ese estado y sabe que el estado de ebullición se está por terminar para pasar a su punto máximo: Punto de ebullición. Entonces, viendo su reacción puedo decidir dos cosas:
1- Hacerme el boludo por trigésima vez.
2- PROVOCAR
Provocar, torear, buscar que de una vez por todas, ese proceso que viene adquiriendo distintas tonalidades se termine de una buena vez. Y en consecuencia, obtendremos un resultado, pero no es esto lo que más me importa desarrollar en este momento.
Mis puntos son dos, en particular:
1- ¿Por qué es tan complicado y tan engorroso decir las cosas en su momento? Decir lo que nos molesta, enfada. Así como detectamos y entendemos esas señales, ¿por qué no resolverlo usando esa misma habilidad que tenemos para comunicarnos casi impercetiblemente con nuestro interlocutor?
2- La vida está hecha de nuestras propias elecciones. De una situación se derivan muchísimas opciones. Sólo hay que saber encontrarlas.
Abrir puertas, arriesgar, aunque incluso podamos perder. Cambiar."
Esto lo escribí hace un año atrás, refiriéndome claramente a you-know-who (los que me conocen sabrán de quién estoy hablando y para los nuevos lectores, vendrá un coming soon de you-know-who). Paradójicamente, la pelota se me dió vuelta. Finalmente, la que se encontró en ese lugar fui yo. Vivo en el punto bendito de ebullición, por no decir, por tener miedo de lastimar, de quedar como pelotuda (que a veces no me cuesta mucho trabajo). Claramente, esto me trajo muchos problemas. No sólo me enervo y me pongo del orto, sino termino rompiéndole las pelotas al que tengo al lado y me escucha. Por lo tanto, ya que tanto me la paso hablando de la comunicación, voy a empezar a comunicarme yo. Voy a hablar y que escuche el que quiera escuchar. Trataré de ser delicada, pero no quiero ni enervarme ni perder más relaciones o tener malos entendidos.
Este es mi momento.
11 de septiembre de 2010
About love.
"No wonder everyone wants it-as if they have known such love before and can barely remember it, yet are compelled ever after to seek it as the single thing worth living for. Without love, most of life remains concealed. Nothnig is as fascinating as love, unfortunately.
I know love is dark work; you have to get your hands dirty. If you hold back, nothing interesting happens. At the same time, you have to find the right distance between people. Too close, and they overwhelm you; too far and they abandon you. How to hold them in the right relation?
It is beguiling how, in good relationships, even after years, formerly undiscovered parts of people are suddenly exposed, as in an archaelogical dig. There is much to explore, and understand. With other people you can only turn away, bored.
I want to say: this is just the way things are."
Intimacy, by Hanif Kureishi.
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